Tiempos Imposibles. Texto del episodio 99.

El 23 de marzo de 1994, en Lomas Taurinas, Tijuana, el sol caía con fuerza sobre la multitud reunida para escuchar al candidato presidencial Luis Donaldo Colosio. En medio de consignas y aplausos, Colosio avanzaba hacia la tarima. Parecía que nada podía apagar el buen ánimo y la sensación de fiesta constante que rodeaba al candidato esa tarde.

Su discurso reciente en el Monumento a la Revolución resonaba aún en la memoria colectiva, prometiendo un cambio verdadero para México.

Además del barullo de la gente, en el ambiente se encendía al ritmo de La Culebra, de la Banda Machos. De repente, el estruendo de lo que parecía un disparo desgarró el aire y detuvo, por una fracción de segundo, el tiempo. Después, caos total. Colosio cayó y la gente comenzó a arremolinarse a su alrededor sin entender qué estaba pasando. Solo sabían que algo estaba mal.

El candidato fue trasladado al hospital, y México entero se mantuvo al filo de la incertidumbre especulando sobre su destino.

Contra todo pronóstico, Colosio sobrevivió. La bala no le arrebató la vida porque en el momento del impacto el candidato giró la cabeza para saludar a un niño que se acercó a conocerlo. El atentado le dejó cicatrices visibles, pero también lo convirtió en un héroe.

En su primera aparición pública tras recuperarse, con la cabeza vendada y una voz más grave pero firme, se dirigió a la nación: “Hoy estoy vivo por un milagro, y ese milagro no es solo mío; es de México. Ese día, en Lomas Taurinas, volví a nacer, y nació conmigo la esperanza de un México más grande, más fuerte y mejor. Esta es una señal de que no debemos detenernos. El cambio nunca será silenciado.”

Tiempo Detenido.

Deja un comentario