Tiempos Imposibles. Texto del episodio número catorce, segunda temporada.

Al colgar la llamada Manuel Barlett tenía su mano temblorosa. No era la llamada que estaba esperando, por más que recibir una llamada del presidente de la república siempre era motivo de orgullo y un poco de miedo. Una llamada corta, pero contundente, en la que el presidente De La Madrid simplemente le dijo: “Aborta el plan, que pase lo que tenga que pasar, que la gente decida”.

Barlett, que era un político hábil y experimentado, se hundió en sus pensamientos tratando de entender el porqué de la decisión del presidente. ¿Sería acaso que tenía un acuerdo ya con Cárdenas? ¿Había una ruptura con Salinas? ¿Era realmente un momento de lucidez demócrata del mandatario o quería pasar a la historia como el prócer del cambio democrático de México?

En cualquier escenario él, el secretario de gobernación y encargado de las elecciones era quien iba a quedar mal parado. Si acataba la orden del presidente, de cualquier forma Cárdenas no lo iba a reconocer a él como quien respetó la voluntad del pueblo. Si ignoraba la orden del presidente y seguía con el plan que haría que el sistema de cómputo cayera, se enfrentaría a la ira del presidente, que no era poca cosa en los 6 meses que faltarían para que Salinas tomara el control.

“Podría negociar rápidamente con Salinas, aguantar 6 meses de castigo del presidente, pero salir bien librado, incluso como gobernador” pensó. El estado de Puebla era su objetivo. El problema es que Barlett no sabía qué información podría tener el presidente sobre él, y esos 6 meses de castigo presidencial podrían convertirse en un infierno, incluso penal. Pensó que, además, iba a ser muy difícil convencer a Salinas de que él solo había tomado la decisión de hacerlo presidente, por encima de lo que dijera el actual mandatario.

“Puta madre, estoy atrapado, y ni siquiera he acabado de pagar mi casa” Se lamentó el secretario de gobernación que seguía planteándose escenarios en su mente. Pidió a su equipo que lo comunicaran con el equipo de Cárdenas, pero ellos se negaron a hablar con él. “Mala señal” pensó Barlett, que pidió dejar un mensaje para el candidato del Frente Democrático Nacional.

“Estimado Cuauhtémoc, ha llegado a mis oídos un plan para sabotear lo que parece ser tu inminente victoria en las elecciones. No dejaré que esto pase y en su momento te presentaré las pruebas del plan que se fraguaba contra tu triunfo. No espero que me creas en este momento, pero más adelante espero podamos platicar y me permitas mostrarte lo que hice para salvaguardar la democracia de nuestro país. Afectuosamente, Manuel Barlett.

Después de enviado el mensaje, se dirigió a su cuarto de guerra, donde estaban las computadoras de los técnicos que monitoreaban las votaciones. Les informó del cambio de planes y se sentó a esperar resultados. Cruzó los dedos porque sí ganara Cárdenas ahora que la suerte estaba echada. Entendió que su formación estaba basada en la obediencia y que el presidente en turno era el dueño de sus acciones.

Más tarde, cuando se anunciaron con puntualidad los primeros resultados, en las oficinas de gobernación todo eran caras largas, excepto la de Barlett que tenía guardado un último recurso de esperanza para él.

Carlos Michel

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