Tiempos Imposibles. Textos del episodio cuarenta y uno.

Visa aprobada

Era el 27 de septiembre de 1963 en la ciudad de México, un día fresco como solía ser en aquella época del año. La tensa quietud que se respiraba en el departamento consular de la embajada soviética en la ciudad fue interrumpida por un norteamericano, visiblemente inquieto y agitado, que pedía hablar con Oleg Nechiporenko funcionario de alto rango, por no decir espía, de la Unión Soviética en el país.

Valery Kóstikov, que estaba de guardia, llamó a Nechiporenko y le dijo “esto parece que tiene que ver con tu trabajo”. Nechiporenko decidió presentarse en el lugar y se encontró con el hombre que, sumamente intranquilo, explicaba en mal ruso, que había vivido en la Unión Soviética pocos años antes, que inclusive ahí se había casado y que había vuelto a Estados Unidos poco tiempo atrás y desde ese entonces, el FBI hacia su vida imposible.

Intentaba explicar que quería regresar a la URSS pero que el consulado soviético en Washington se había negado a ayudarle. Nechiporenko con esa alarmante calma que caracterizaba a los funcionarios soviéticos, le explicó que, al ser ciudadano estadounidense, debía de hacer los trámites en su país. De cualquier modo le ofreció los papeles que debía de llenar y le hizo saber que en caso de hacerlo, la petición debía ser enviada a Moscú y que demoraría unos cuatro meses en recibirla en su domicilio.

El hombre, que se presentó como Lee Harvey Oswald, molesto por la respuesta le gritó ¡Eso no me basta, no es lo que yo necesito! Para mí, esto va a terminar en una tragedia, y se retiró.

Al otro día, a pesar de ser sábado, volvió. Alegó que el FBI lo mandaría matar y llorando como niño indefenso, rogó por el visado. Dijo que inclusive en México se sentía perseguido y sacó un revólver de la bolsa izquierda de su saco, lo puso en el escritorio y les dijo a los dos funcionarios que lo atendieron ese día: “Vean lo que tengo que cargar para proteger mi vida”. En ese momento Nechiporenko, que se había retrasado entro a la oficina en la que se encontraban, le dijo con tranquilidad: “Hoy dormí muy bien y desperté con ganas de ayudar a alguien. Que estés aquí de nuevo debe ser una señal. Vamos a tramitar esa visa”.

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