Tiempos Imposibles. Texto del episodio 62.
Volvía a amanecer en Colonia Trajana, pero para Tito Claudio no era otro día más, en sus 35 años como gobernador de esa frontera del Imperio los últimos meses se habían vuelto los más tensos de todo ese tiempo, más incluso que el trayecto a esas tierras a través de las viejas rutas fenicias buscando mantener a babor el mar de algas todo el tiempo. El asentamiento que había crecido hasta convertirse en un centro de comercio regional superando a Nea Massalia y a Baal Hadast en importancia e incluso habiéndolas sometido con ayuda de los bárbaros de la región, los cuales en su momento habían sido un dolor de cabeza para él y la nueva urbe. Pero todo eso no lo había preparado para la noticia que recibió hace meses, la que sin duda sería la prueba de fuego para el que posiblemente fuera el proyecto más ambicioso del Imperio.
- Dominus, llegó la hora – Ahyoka, la esclava personal del gobernador, originaria de alguna de las tribus de tierra adentro lo despertó de sus ensoñaciones.
El gobernador se levantó para que otro esclavo lo vistiera con sus mejores galas, una toga blanca con una franja de un intenso color naranja. Salió de su domus donde ya lo esperaba su secretario griego, Lisandro, al que le preguntó apenas verlo – ¿Está todo listo? - Todo listo, dominus.
Fue entonces que se dirigieron al distrito portuario de Colonia Trajana, uniéndosele a su comitiva varios funcionarios y dignatarios extranjeros que se encontraban en la ciudad para esa ocasión. El agobio en la cara de Tito Claudio era evidente, pero ya no había marcha atrás, el momento de la verdad había llegado.
Llegaron al puerto principal, necesariamente uno de los más grandes del Imperio por el tráfico que concentraban. La neblina no permitía ver a lo lejos, pero eventualmente se fue dibujando la silueta de siete tessarakonteres que fueron guiados a los muelles designados para su desembarque por lembos diminutos a comparación de, esas, las naves más grandes que habrían surcado los mares, frente a él se tendió la rampa que según sus cálculos, podrían transitar dos elefantes lado a lado sin que representara mucho estrés para la misma rampa. Fue entonces que a cada lado de la rampa se apostaron 24 lictores y rodeado por elementos de la guardia pretoriana bajó luciendo una armadura digna de su posición, cubierto además por una capa púrpura para demostrar su estatus de patricio romano.
Ante esta imagen Tito Claudio solo atinó a decir – Imperator Cesar, bienvenido a Ultramar.
El emperador pareció no escuchar la bienvenida de su gobernador, seguía embelesado por todos los paisajes que había podido contemplar en su andar por estas nuevas tierras, desde las aguas del mar que llamaban Caribe hasta las colinas y bosques color esmeralda donde acababa de desembarcar.
Valenars
