Tiempos Imposibles. Texto del episodio 86.
Omsk 25 de noviembre de 1918.-
Desde hace unos días había cambiado la tónica de las conversaciones en la sede del gobierno provisional ruso, ya no estaban los políticos, esos que solo habían estorbado el desarrollo de la campaña por recuperar a la madre Rusia, ahora solo quedaban lo militares, principalmente rusos pero también delegados de las naciones aliadas que aunque la guerra había terminado con las potencias centrales, ese día se presentaban con una petición indignante, no les bastaba con interferir en los asuntos internos del imperio exigiendo un gobierno democrático, también exigían el comando de las fuerzas de la coalición.
Entre el calor de los ánimos y militares como eran, la reunión estalló en gritos que por momentos sonaban a órdenes, así los encontraron la otra delegación que acababa de llegar a Omsk desde el flanco oeste del imperio, militares bálticos, finlandeses, polacos y ucranianos se presentaban con otra oferta para el líder supremo de Rusia, que se mantenía callado ante el caos desatado por los asistentes a la reunión.
Fue ahí, en el caos de la discusión, que levantó la voz para hacer silencio, y éste cayó súbitamente a lo que todos los asistentes clavaron su mirada en él, que con gesto hizo pasar a los recién llegados.
Un miembro de la delegación dio un paso al frente, paso saliva y con un marcadoacento para hablar ruso dijo:
– Almirante Kolchak, venimos desde el Reino de Finlandia, el Estado Polaco, los Ducados Bálticos y el Estado Ucraniano con una oferta y una petición, – Kolchak resopló visiblemente exasperado – en vista de nuestro enemigo común, nuestros recién formados gobiernos le tienden la mano como iguales para acabar con la amenaza bolchevique que se cierne sobre todos nosotros.
La tensión en la sala se elevó, algunos de los presentes acercaron las manos a sus armas de cargo temiendo lo peor, Kolchak volteó a ver el mapa que tenían en la mesa central, nadie se atrevía a romper el silencio; después de un par de minutos el almirante Alexander Kolchak levantó la mirada y con furia contenida respondió:
– Todos ustedes no son más que aves rapaces que vienen a saquear a la madre Rusia, llegan ofreciendo ayuda con una mano mientras con la otra esconden un puñal tras su espalda, malditos cobardes malagradecidos – hizo una pausa y continuó en un tono más sereno – pero por fortuna para ustedes Rusia es más grande que su avaricia, díganle al general Janin que tiene el mando, y ustedes – volteó hacia los delegados del oeste – Rusia reconocerá su independencia pero quiero el compromiso por parte de sus gobiernos igual al que yo tengo por esta causa – y dirigiéndose a toda la concurrencia concluyó – el francés tendrá el mando en la línea de frente, pero díganle que ni por un segundo espere que lo dejaré intervenir en asuntos de gobierno.
Alexander Kolchak dio por concluida la sesión y se retiró decepcionado, pero con una ligera sonrisa a causa de la esperanza de que podría salvar a su amada patria y los bolcheviques pagarían por su traición contra el zar y la madre Rusia.
Eduardo González Valenars
