Tiempos Imposibles. Texto del episodio número cuatro, primera temporada.

La inquebrantable Nueva España

A inicios del mes de septiembre de 1810, los altos mandos del Virreinato de la Nueva España ya lo sabían. Habían sido informados por un par de infiltrados sobre las intenciones del movimiento insurgente de levantarse en armas un mes después.

El recién nombrado Virrey Francisco Javier Venegas, pidió a sus hombres que, de manera sigilosa y a discreción, se ocuparan del problema. Y así fue.

En la tarde del 13 de septiembre, diez hombres, divididos en tres grupos, cabalgaron para llegar de madrugada a Dolores, a San Miguel y a Querétaro. Iban armados con revólveres y también con cuchillos, y tenían la intención de desactivar la amenaza sin alertar a nadie.

Cuatro de ellos llegaron a la casa en la que vivían el corregidor de Querétaro Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz, entraron forzando la cerradura silenciosamente y subieron las escaleras hasta encontrar su habitación. Don Miguel y Doña Josefa, parte del grupo rebelde, dormían plácidamente y no volvieron a despertar. Las navajas afiladísimas de los hombres del Virrey cercenaron sus cuellos.

Simultáneamente, los hermanos Aldama e Ignacio Allende morían de la misma manera en San Miguel y el cura Miguel Hidalgo caía a manos de los asesinos en Dolores, Guanajuato.

Los hombres, que demostraron una fina pericia para el trabajo, se llevaron los seis cuerpos sin dejar rastro de ellos. Nadie vio nada. Nadie escuchó.

En cuestión de una hora el movimiento insurgente se quedó sin cabezas que pudieran liderar el levantamiento que habían orquestado durante meses en las tertulias literarias de Querétaro.

Al amanecer, ni Miguel Hidalgo, ni Ignacio Allende, ni los hermanos Aldama, ni el matrimonio Domínguez apareció por ningún lado. Nadie supo qué había pasado, y aunque algunos de sus seguidores intentaron indagar sobre sus desapariciones, las fuerzas virreinales rápidamente apagaron cualquier búsqueda.

Tiempo Detenido.

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