Tiempos Imposibles. Texto del episodio número treinta y dos, cuarta temporada.

“Los musulmanes y los cristianos estamos terminando con nuestras fuerzas, el país está arruinado y se han sacrificado vidas de ambos bandos. Ha llegado el momento de detener todo esto”. Saladino, el unificador del mundo musulmán, leyó estas líneas escritas por Ricardo I de Inglaterra unos días atrás.

La guerra llevaba ya casi tres años, y a esas alturas, Saladino, aunque no había perdido control sobre Jerusalén, veía a su ejército debilitado y vulnerable. Difícilmente había podido hacer frente a Ricardo Corazón de León en el campo de batalla y ya había perdido Acre y Jaffa, que ahora estaban bajo dominio cruzado.

Por su lado, Ricardo, un rey poderoso y fiero, a pesar de haber ganado varias batallas, pensó que no tenía caso pelear también con su muy disminuido ejército para recuperar Jerusalén si sería sumamente difícil retenerla. Los cruzados, cansados y heridos, querían volver a casa al terminar la batalla última, hacerse del control de la Ciudad Santa y arrebatar la Vera Cruz de las manos de su enemigo.

Sabiendo esto, Ricardo dejó por un momento atrás su corazón guerrero y apeló a las pocas habilidades diplomáticas y políticas que tenía, y en esa misma carta hizo una propuesta tan inusual como descabellada, algo tan fuera de lugar que, por su rareza, había puesto a imaginar a Saladino la posibilidad de concretarla. Corazón de León, escribió lo que transformaría no sólo la historia de las cruzadas sino del cristianismo y del islam como los conocemos ahora.

En la carta se leía “…ha llegado el momento de detener todo esto. Por ello hago esta propuesta para unir nuestros reinos terrenales y también los divinos, y para cumplir la voluntad de su Dios y del nuestro. Ofrezco a mi amada hermana Joan de Sicilia, para que sea esposa de tu amado hermano Al-Adil, y así reinen ellos y su dinastía sobre Jerusalén y traigan paz, unión y sabiduría a nuestra Tierra Santa”.

Con la mano derecha Saladino se talló los ojos, y sin soltar la carta de Ricardo que sostenía con fuerza en la mano izquierda, llamó a sus hombres de confianza y a sus mensajeros, para comunicar su decisión: el cristianismo y el islam se unirían a través de un matrimonio sagrado.

Tiempo Detenido

Deja un comentario