Tiempos Imposibles. Texto del episodio número treinta y siete, cuarta temporada.
A pesar de que unas pocas hogueras iluminaban el recinto, el Papa podía ver las pinturas de Miguel Ángel en toda su magnificencia y sus vivos colores. Era la noche previa a que Daniele Da Volterra comenzara los trabajos pictóricos en la Capilla Sixtina. Habría que cubrir muchos senos y genitales de santos, ángeles y otros personajes. El Papa, era el último ser humano que vería la obra como fue concebida por su creador.
A partir del concilio de Trento se había acordado censurar obras que no iban acorde a los valores de la iglesia. El Index Librorum Prohibitorum era una de las iniciativas que había ordenado el Papa para censurar libros. Pero justo en el corazón de Roma, en las entrañas del Vaticano, había un escándalo plasmado en frescos; decenas de partes privadas profanas y deshonestas.
El Papa Pio IV en su apellido llevaba un poco de vena artística, pertenecía a una rama de los Medici de Florencia. Nunca sabremos si fue esa vena o que fue, pero al día siguiente de pasar esa noche en la capilla, despidió a Da Volterra y dejó los frescos tal y como los conocemos hoy; con sus desnudos.
En sus memorias el Papa escribió:
“Me encontraba allí, con el cuello adolorido de tanto mirar hacia arriba, cuando de pronto pasó: un entumecimiento primero y luego oleadas de calor. Mis manos no las sentía. Mi mirada seguía fija en las pinturas. Y luego como si me atravesara un rayo, convulsiones en el suelo, temblando con violencia y yo sin poder dejar ni un instante de mirar la obra de Miguel Ángel. Me desvanecí, pero en ningún momento dejé de ver las pinturas, memoricé cada detalle de ellas. Cuando clareó el día, por la mañana, supe había visto al creador”
El Papa dio marcha atrás a las iniciativas de censura en el arte, sin que esto afectara el resto de los acuerdos del concilio de Trento.
Carlos Michel
