Tiempos Imposibles. Textos del episodio número treinta y ocho, cuarta temporada.
Monstruos en Guadalajara
En el centro de Guadalajara existe un lugar que alberga los objetos más impresionantes relacionados con el terror y la fantasía en el mundo: la colección de Guillermo del Toro. Abierta al público desde hace 5 años, el recinto, antiguamente llamado “Palacio de las vacas”, cambió de nombre para llamarse “Museo Lovecraft” en honor a uno de los escritores más admirados por el director tapatío, quien funge como presidente del patronato del museo.
La colección cuenta con miles y miles de objetos de todo tipo, incluyendo algunos que se remontan hasta culturas ancestrales y varios pertenecientes a Edgar Allan Poe. Además, el museo cuenta con varias piezas de arte procedente de la filmografía del director; vestuario, props, textos y más, que han aparecido o son parte de sus 8 películas. Con estos filmes, todos realizados en Guadalajara, Del Toro ha logrado rebautizar a la ciudad como “Ciudad de los monstruos”.
Las proezas cinematográficas de Del Toro se considera por partida doble: revolucionar el cine de horror y fantasía, y también dar el salto definitivo que el cine mexicano necesitaba en profesionalismo y adopción de géneros. Cuando se le pregunta al director acerca de un interés en Hollywood u otros lugares para hacer cine, responde: “Monstruos existen en todos lados, pero me siento cómodo con los que conozco”. Dato curioso, el museo es el único en el mundo que abre por la noche, de 10:00 pm a 5:00 am. y con un poco de suerte, puedes encontrarte allí a Del Toro.
Carlos Michel
Campeonísimo de campeonísimos
Era un atardecer hermoso de esos que caracterizan a la Ciudad de Guadalajara. A un costado de la catedral, donde años atrás solía estar el quiosco de la plaza de armas, estaba sentado el pequeño Luis, que apenas con ocho años de edad, le decía a su abuelo mientras señalaba la imponente estatua de 10 metros de altura que se erguía frente a ellos: “Abue, cuéntame otra vez su historia y la del campeonísimo de campeonísimos”. En la placa al pie del monumento se leía el nombre de la leyenda: Javier Hérnandez Balcázar, Chicharito, quien más de medio siglo atrás le había dado a la ciudad el mayor orgullo posible.
El abuelo, un hombre ya de unos 70 años le decía mientras miraba el rostro en la estatua: “Yo lo vi jugar, Luisito, era un fenómeno, no sólo porque metía goles y goles de formas en que nadie más podía hacerlo, sino por cómo lo quería la afición. Cuando jugaba el estadio se llenaba por dentro y por fuera. Lo amaban. Desde que debutó en 2006 hasta su retiro en 2026 jugó siempre con nuestras Chivas, y entre 2011 y 2021 le dio al equipo 11 campeonatos; por eso ahora se les recuerda como el campeonísimo de campeonísimos. Además sigue siendo el mayor goleador de la selección nacional con más de 200 goles portando la verde ”.
El pequeño Luis, que llevaba la camiseta rojiblanca con el mítico dorsal 14, abrió los ojos como si quisiera alcanzar a ver toda la grandeza del Chicharito y después de un largo silencio volteó con su abuelo y emocionado le preguntó: “Imaginate abuelo si logró todo eso quedándose a jugar toda su vida en las Chivas, ¿cómo hubiera sido su carrera si hubiera aceptado la oferta del Manchester United en el 2010?”
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